Para muchos peregrinos llegar a Santiago de Compostela, no es solo la culminación de sus más caros anhelos, sino también el comienzo de nuevos caminos que conducen siempre a un mismo objetivo, el de formar parte de un gran movimiento espiritual que los unirá por siempre.

Y Fisterra forma parte de este movimiento. A solo 90 kilómetros de Santiago, Fisterra es un municipio costero ubicado en la región de Galicia, con muchísima historia. En la época romana se creía que era el fin del mundo conocido. Suele nombrársele también con el nombre de Finisterre, que deriva del latín finis terrae, que significa «fin de la tierra».

En los 90’s Fisterra, fue incluído como final del Camino de Santiago en la celebración del Xacobeo de 1993, gracias a la gestión de su entonces alcalde, José Fernando Carrillo Ugarte, quien lideró una exitosa promoción turística del municipio, consiguiendo que, por primera vez, la playa de Langosteira fuera distinguida con la Bandera Azul de la U.E.

Fisterra empieza su transformación, a partir de una acertada política municipal de mejoramiento de calles, asi como el apoyo al emprendimiento empresarial local, a través de la aparición de nuevos negocios de restauración y alojamientos, sitúandolo en el plano de la oferta turística nacional e internacional como destino obligado en el Camino de Santiago, propiciando un desarrollo económico y social para la comarca y sus pobladores.

Carrillo Ugarte, es un inmigrante peruano, quien vive hace más de cuatro décadas en Fisterra. Ha trabajado por muchos años como maestro en un colegio secundario local, forjando generaciones de jóvenes, tanto en lo académico como en lo deportivo. Su identificación con la comunidad lo llevó a formar parte de diferentes organizaciones cívicas y políticas, que luchan por mejorar la calidad de vida para sus habitantes. En 1991 fue elegido alcalde, siendo gestor de grandes cambios positivos para la ciudad.

En el Restaurant El Semáforo, Monte Facho, con José Carrillo, peruano-español, ex alcalde de Fisterra, y el autor de la nota.

Fisterra pasó de ser solo una pequeña ciudad de Pescadores a un destino obligado, un trabajo en el que toda la población trabajó de la mano de la gestión municipal de entonces, pudimos pavimentar las principales vías de acceso, propiciamos el nacimiento del Club Naútico, asi como una mejor conservación de nuestros monumentos religiosos y arquitectónicos, que constituyen nuestro patrimonio cultural y publicamos también la primera guía turística del municipio, entre otras acciones”, nos dice José Fernando, mientras nos guía hacia uno de los principales atractivos que tiene Fisterra, desde donde se observa cómo muere cada día el sol en el horizonte, un excepcional espectáculo que colma cualquier expectativa.

Llegamos al Monte Facho, que es el nombre de la montaña del Cabo Finisterre, un pico de 238 metros (781 pies) sobre el nivel del mar, en el que se ubica un faro prominente de 17 metros de altura, sobre una base pétrea, adornado de verdes áreas naturales, desde el cual se puede gozar de unas vistas perfectas de todo el entorno, siendo uno de los lugares más visitados de Galicia después de Santiago de Compostela. Hasta allí llegaban los antiguos peregrinos, como fin del camino, donde quemaban sus ropas y zapatos, antes del regreso a casa, práctica que se extendió hasta hace no mucho tiempo atrás en que la municipalidad decidió prohibirlo totalmente para evitar incendios y atentados contra el medio ambiente.

Sobre una gran roca, una bota de hierro yace en señal del fin del camino del peregrino, teniendo como marco el infinito océano Atlántico, en el que muchas embarcaciones y vidas sucumbieron ante su fuerte y salvaje oleaje, razón por la cual se le conoce también como Costa da Morte, o Costa de la Muerte.

Pero lo que más resaltan son sus bravas playas que contrastan con verdes y agrestes paisajes, como Mar de Fora o la playa de O Rostro, aunque a decir del ex-alcalde Carrillo, también está la playa Langosteira, “una playa de aguas tranquilas y de calidad óptima, totalmente libre de contaminación y rodeada de un sistema dunar extraordinario”, y a donde muchos peregrinos llegan en busca de la famosa y tradicional vieira o concha de abanico, que simboliza las rutas del Camino de Santiago.

Su patrimonio cultural y natural es vasto, por lo que Fisterra se ha convertido actualmente en un referente del turismo de Galicia, como así lo constatan informes de las oficinas turísticas, donde se registran regularmente un crecientes interés entre los visitantes por visitar estas comarcas, no sólo por su playas, sino también por los pequeños pueblos con sus antiguas iglesias, monasterios y castillos, que conforman un gran atractivo para su visita.

Hoy, como antaño, muchos peregrinos finalizan aquí su periplo y continúan emocionándose al contemplar en silencio la puesta de sol sobre el océano”, señala el portal Gronze.com, una de las mejores asistencias informativas acerca del Camino de Santiago. Al finalizar el camino en Fisterra, los peregrinos reciben la Fisterrana, que certifica el fin de su camino.

Fisterra, lo hemos dicho antes, es una ciudad de pescadores, donde los frutos del mar son su mayor tesoro, que propician una de las mejores muestras de la gastronomía gallega. Pero este es un tema que merece un capítulo aparte.

By Francisco Manrique G./TLM